PARTE DE LA ÉLITE [PARTE II] (YoonMin) - Capítulo 36
Capítulo 36
Jimin POV:
Al finalizar esa semana nos vimos inmersos
en la prueba de tecnología pero al contrario de lo que pensábamos nada
electrónico nos esperaba sino todo lo contrario. YongGuk nos dejó abandonados a
los siete en medio de la nada con la intención de que intentásemos sobrevivir
por nuestra cuenta pero no solo no teníamos agua ni comida, sino que vernos
lejos de la humanidad y de cualquier dispositivo electrónico comenzó a
trastocar nuestra mente hasta el punto de que fuimos bebés desmadrados
prematuramente y el único que tuvo valor e iniciativa por hacer algo fue Jeon,
alegando que conocía la zona y sabía cómo sobrevivir. Nos reímos de él igual
que nos habríamos reído de cualquiera que se creyese capaz de sobrevivir sin
tecnología. Éramos animales, nada más, pero subestimé las condiciones en las
que Jeon debió vivir y a las que estaba acostumbrado pues nos demostró que era
capaz de orientarse y de buscar comida y agua.
Yo no le creí y me senté en el suelo como
un obstinado a no colaborar con sus anárquicas ideas. Sin embargo alguien si
confió en el, Taehyung y Yoongi. Ambos se levantaron y tras que yo amenazase a
Yoongi con que no lo hiciera, los tres desaparecieron por el horizonte mientras
a nosotros cuatro nos dejaban allí bajo el sol muertos de miedo y calor. Si
algo verdaderamente nos mataría sería nuestro propio ego. El hambre no nos
alcanzaría antes y menos con un Hoseok receloso con nosotros.
—¿Qué forma es esa de tratarle? –Me dijo
una vez que Yoongi desapareció. Estaba muy nervioso por la situación en la que
nos encontrábamos y Jin y Namjoon encontraron en nosotros una excusa para
distraerse del entorno—. No le amenaces de nuevo de esa manera.
—No me digas lo que tengo que hacer,
idiota. Hago lo que me da la gana.
—¿Debo recordarte que soy tu hyung? Tenme
un poco más de respeto, mocoso.
—¿Debo recordarte que no has traído tus
preciosos cuchillos, Hoseok? –Me levanté desafiante y él se mantuvo estático,
no queriendo parecer cobarde—. ¡Vamos, golpéame ahora!
—No voy a hacerlo, espero que tengas la
cabeza suficiente como para saber comportarte como una persona civilizada. Más
bien pareces un neandertal, amenazando a las personas como si fueran de tu
propiedad.
—¡Min Yoongi no es nada mío! –Grité—.
¡Todo para ti, joder! –Llegué hasta él y empujé su pecho para hacerle
retroceder. Pensé que Jin o NamJoon nos separarían pero como niños nos
observaban pues si tomaban el control en la pelea debían tomarlo en el resto
del día y nadie estaba dispuesto a cargar con semejante problema.
—¡Seguro que se ha ido con el renegado por
tu culpa! Porque no soporta verte más.
—¡Qué se vaya! ¿Qué importa?
—¡Te morirás porque no puedes vivir sin
que nadie te lama los huevos, Park Jimin! Primero Taehyung y como ahora está
encoñado con el renegado y pasa de tu culo te tienes que apropiar de Yoongi.
¿No es cierto? –Agarré la camiseta de su pecho. Ahí comprendí hasta qué punto
estaba perdido en su propia vida. Nada había que le sostuviera, nada más que su
admiración por un hombre que no le prestaba la más mínima atención. Un
referente que no le llevaba a ninguna parte. Me compadecí de él al instante y
le solté enfadado conmigo mismo. Estaba comenzando a sentir pena por las
personas. Algo muy malo me estaba torturando por dentro. Una extraña conciencia
me estaba domando.
—Cuando quieras pasarte a lamerme tú los
huevos me llamas. –Me alejé de él y se quedó atónito por no sucumbir más a sus
palabras y aunque siguió provocándome en los minutos posteriores no le presté
atención. Me senté lejos donde pudiera refugiarme de él y de mis propios
pensamientos. Mucho más peligrosos que cualquier tentación. Comencé a ver lejos
de mí. Comencé a ver los problemas ajenos y no me gustó nada darme cuenta de
que no era el único con problemas.
Pasada una hora, que parecieron días,
regresaron los tres que se marcharon y rápido pudimos ver sobre ellos sus
camisetas rellenas de algo que parecía alegrar sus rostros. “Limones de tierra”
los llamó Jeon y al ofrecerme uno me sentí como un niño negándome ante la
posibilidad de probar aquel extraño tubérculo sucio y asqueroso. Nada más
catarlo me sentí completamente contradicho con mis sentimientos porque no solo
era comestible sino que no era nada desagradable al gusto. Me sentí animado de
inmediato y vi clara la posibilidad de sobrevivir en ese demacrado entorno.
Nada más nos sumamos a la iniciativa de
participar en el experimento, Jeon dejó claras las normas. Se haría lo que él
quisiera y debíamos dejar de lado todo lo que conocíamos y todo lo que nos
habían inculcado de pequeños para amoldarnos a su nuevo ideal de justicia. Me
sentí temeroso de que eso nos llevase a la perdición y sin duda lo hizo pero a
muy largo plazo. Por aquel entonces, solo nos salvó de morir deshidratados.
Gracias a sus conocimientos y a su ley pudimos conseguir agua de dos fuentes
diferentes, comida y fuego, aparte de unas esterillas donde poder dormir sin
estar en contacto con el duro suelo. Mientras Yoongi y yo nos encargábamos de
cavar en el suelo un agujero para obtener agua abundante, hablé dentro de
nuestro teatro por aparentar que la situación estaba normal entre nosotros.
—Tendrás que hablar con Hoseok cuando
regresemos y dejarle las cosas claras. –Me miró perdido. No sabía a qué le
sacaba el tema ni por qué.
—¿A qué viene esto ahora?
—Dile que deje de tentar a la suerte.
Lleva unos días molestándome cada vez que nos quedamos a solas. El otro día en
el pasillo de camino a las cocinas y ahora hace un rato, cuando estabais Tae y
tú con Jeon.
—¿Qué ha pasado exactamente?
—Me amenaza. Constantemente. Dice que te
deje en paz, que no te trate mal, que blah blah.
—Ya veo. –No dijo nada más y eso me
exasperó.
—Fue él quién te disparó la semana pasada
en la prueba. Escuchó nuestra discusión y la zanjó disparándote.
—Lo agradezco. –Dijo de repente y le miré
confuso.
—¿Por qué?
—Hubiera acabado disparándote yo y no
quería cargar con eso en mi conciencia. –No sabía si sus palabras me
entristecían o me ponían más furioso.
—Solo habla con él, ¿de acuerdo? Dile que
no eres nada mío y que tú y yo no tenemos nada.
—No servirá de nada y lo sabes. Cuando se
le mete una idea en la cabeza es horrible.
—Acuéstate con él, de seguro que se le
olvidará toda esa mierda que tiene en la cabeza y me dejará en paz.
—Ahora eres tú quien me vende a mí de
gratis. –Sonreía mientras lo decía pero rápido contesté herido.
—No eres nada mío. No te vendo. Haz lo que
quieras. Pero que me deje en paz. –Jeon interrumpió nuestra conversación y
rápido me levanté del suelo para beber agua junto con él haciendo que nuestros
labios chocasen. Me sentí tremendamente animado después de aquello y pude
volver al lado de Yoongi para seguir con nuestro trabajo sin que nada hubiera
pasado. Me sentí renovado y comencé a ver aún más claro que la solución era
estar lejos de Yoongi. Lo más lejos posible.
Cuando las horas pasaron y a medida que se
marchaban, las conversaciones entre los siete se tornaban divertidas y jocosas.
Simplemente el hecho de estar en una conversación ya era todo un logro pues no
nos caracterizábamos por divertirnos con las palabras, más bien nos las
arrojábamos después de afilarlas. Escuchar el sonido de nuestras risas me
produjo una extraña sensación en el estómago que estoy seguro todos sintieron
aquella noche. El fuego moviéndose a su antojo pero siempre condicionado por el
viento, nos alumbraba en una atmosfera de añoranza. Eso es lo que sentía,
añoranza de un pasado en el que una vez fuimos todos niños y podíamos
divertirnos juntos y felices. Un pasado inexistente que alguna vez todos
deseamos y no pudimos alcanzar.
En aquél momento no comprendí hasta qué
punto, mostrarnos que teníamos alternativa, una vida lejos de mandatos y
órdenes, podía trastocarnos. Unidos, éramos invencibles. Por separado no
valíamos nada. Pero claro, hambrientos y muertos de frío como se supone que
debíamos haber quedado no nos habríamos fijado en aquello, sino que nos
habríamos matado unos a otro como animales. Di gracias a Dios que tuviésemos a
Jeon entre nosotros aquél día y en la noche, cuando vi como se acercaba a
Yoongi para dejarse abrazar por sus dormidos brazos sentí la más ardiente
sensación de tranquilidad, saber que esta noche ninguno de los dos pasaría
frío. Sin embargo él debió ver en mí envidia o tal vez enfado porque me animó a
acompañarles y sin rechistar me abracé a ambos cerrando los ojos, disfrutando
de la maravillosa sensación de tener amigos al fin.
Desde aquél día, ninguno fuimos el mismo.
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