AMNESIA [PARTE I] (Jimin x JungKook x YoonGi) - Capítulo 9
Capítulo 9
Jimin POV:
La noche
ha llegado antes de lo que deseaba. Ya habíamos hablado de esto en unas
conversaciones no muy agradables. Mejor dicho, no muy cómodas al menos no para
mí. Estoy seguro de que esta no es la primera vez que me entrego a él tan solo
por la forma tan sutil y agradable con la que me trata. Tan cómoda y
acostumbrada. Él ya ha recorrido mi cuerpo con sus manos antes. También ha
besado mis labios mil veces porque sabe cómo hacerlo de forma agradable dada la
forma abultada de mis labios y sabe muy bien qué es lo que le gusta de mi
físico porque me explota al máximo para conseguir excitarse. Pero este es el
problema, solo él se está sintiendo satisfecho mientras que yo, no me inmuto.
Con la
cabeza sobre el almohadón me dejo caer sobre esta y miro al techo convencido de
que las vistas son aquí mucho más agradables. Cierro los ojos cuando intento
centrarme en las emociones que la boca de Yoongi recorriendo mi ingle me
produce, pero no es sino una incomodidad y una extraña vergüenza la que me
corroe, que no puedo evitar de vez en cuando retorcerme en el disgusto o
incluso apartarle sutilmente a otra zona menos pudorosa sin hacerle sentir
ofendido o enfadado. Lo que menos me preocupa es que me devore, sino que se
enfade por mi poca predisposición. Es por eso que tras una larga conversación,
en donde sus necesidades biológicas le obligan a mantener relaciones, me he
visto obligado a ofrecerme voluntariamente para experimentar, al menos por mi parte,
el coito con él. Por muy desagradable que me parezca.
A pesar de
ello él se ha mostrado compasivo con mi situación y ha comprendido que no
siento el mismo deseo sexual por él y que debe darme paciencia, por lo que está
dispuesto a parar siempre que yo se lo pida. Yo no pretendo detenerle si no veo
la urgente necesidad pero aun así es demasiado extraña la sensación de sus
labios sobando mis testículos. No me desagrada, sin embargo la vergüenza por el
gesto es tremenda y terrorífica. Me petrifica con su rostro escondido entre mis
piernas abiertas. No me había sentido tan expuesto antes y aun el recelo por su
persona no me convence para ayudarle con la excitación. Me limito a dejarme
hacer hasta que llegue un punto en que no quiera continuar por nada del mundo.
Su lengua
se cuela por mi ano y doy un respingo involuntario mientras me agarro con
fuerza al almohadón bajo mi cabeza. De vez en cuando veo salir su rostro de
entre mis piernas para mirarme y masturbarme con su mano consiguiendo una
erección que recompense su esfuerzo pero mi miembro está flácido aún y no puedo
concentrarme mientras que me mire de esa manera en la que realmente siento que
puede saltar a mi cuello en cualquier momento.
–¿No te
gusta? –Me encojo de hombros ante su pregunta y mientras le retiro la mirada,
él regresa a lamerme pero se detiene mientras le veo alcanzar en el colchón el
lubricante que previamente ha sacado de la mesilla y embadurna con él dos de
sus dedos para usaros de dilatador. Muerdo mis labios mientras entran los dos a
la vez y aunque me esperaba más molestia, es más agradable de lo que pensaba
pero sigue siendo incómodo y vergonzoso. Me siento molesto y me muevo pero él
cree que puede deberse a que me gusta y mete y saca sus dedos mucho más rápido
para darme placer. No lo consiguen con lo que le pido que los saque y me siento
en la cama un poco cohibido–. Vamos, yo se que te gusta. –Me dice y se sienta
frente a mí para tumbarme de nuevo y colocarse encima. Sus manos van a mis
muñecas para retenerlas como bien sabía que yo iba a intentar deshacerme de él.
Ya no me deja y le veo colocarse entre mis piernas y desisto de retenerle para
dejarle hacer esperanzado porque la sensación al tenerle dentro cambie a mejor.
No es así, sino que empeora y comienzo a gemir dolorido por entrar sin cuidado
alguno y me deshago de su cuerpo con un empujón que le hace salir de mí confuso
y desorientado. Él ya gemía placentero pero yo me alejo apoyándome en el
cabecero mientras me cubro con una sábana.
–No quiero
hacerlo. No me siento cómodo.
–¿Seguro?
No has tenido paciencia.
–Suficiente,
Yoongi. Basta por hoy. –Me mira al principio enfadado, como es normal creyendo
que terminaría dentro de mí, pero como comprende que es demasiado rápido y
sumado con el hecho de que han pasado varias semanas y no recupero la memoria,
asiente convencido y triste y se levanta para besar mi mejilla delicadamente y
conducirse al baño donde poder aliviarse. Cuando ha desaparecido me siento mal
al instante, porque al hacer un ejercicio de empatía puedo entender por lo que
está pasando y el sufrimiento que debe llevar sobre sus hombros. Valga decir
que no me siento atraído por él y que ni siquiera me inspira la confianza
suficiente como para mostrarme desnudo ante él. Pero la culpabilidad por verle
cada día haciendo como si nada y sonriendo a pesar de que la situación nos
devora a ambos, me hace verle como alguien muy fuerte y valiente. Le admiro por
eso y me tumbo en la cama a la espera de que regrese. Cuando lo hace y se tumba
a mi lado pensando que estoy ya dormido, le sorprendo abrazándome a él y
besándole tiernamente en los labios. Sus ojos me miran confusos pero yo sonrío
tímido–. Lo siento, hyung… ¿me perdonas?
–A ti te
lo perdono todo, mi amor. –Besa de nuevo mis labios con un carácter más
pasional y escondo mi rostro en la línea de su cuello para conciliar el sueño.
…
La luz es
tenue. Oscura pero puedo ver a través de algún foco escondido de luz su
silueta. Hermosa, delineada por la blanca sábana. Su pelo negro se esparce por
mi almohadón y sin embargo, a pesar de revuelto y sudoroso, se ve demasiado
agradable. Quiero tocarlo, quiero sentirlo enredándose en mis dedos. Pero no
puedo hacerlo porque lo que estoy viendo es tan solo la recortada escena de un
recuerdo. Sus dientes aparecen de entre sus labios en un gemido. Grita y se
retuerce con un cuerpo sobre el suyo. No alcanzo a ver más pero es suficiente
para sentirme completamente excitado. No reconozco sus ojos pero el resto de
sus facciones me hacen reconocerle. Sus manos, agarran con fuerza las mantas blancas
a su alrededor. Estas se arrugan y se tensan a medida que él intensifica su
fuerza en ellas por la llegada del dulce orgasmo. Muerde sus labios, los
tortura mientras se mueve junto con las envestidas. De su sien, una gota de
sudor aparece y en su frente, ya se notan las pequeñas gotitas que humedecen
sus cabellos. De sus labios, un pequeño corte de sangre por la violencia de las
embestidas que le hace acallar los gritos. Sus manos tiemblan. ¿De miedo? ¿De
excitación?
Sus
gemidos se oyen por todos los pequeños resquicios de mi memoria. Son agudos
mientras algo golpea en él con violencia, pero cuando recupera el aire que
después volverá a liberar, su sonido es grave. Es un hombre, pero es al mismo
tiempo un chiquillo en unas manos adultas. Se deja hacer pero no pasa
desapercibido que su simple situación puede excitar a cualquiera. Su pecho se
alza, y después de un segundo vuelve a soltar el aire, se mueve junto con el
resto de su cuerpo con las embestidas que alguien le proporciona sentado entre
sus piernas. Estas, sus largas y bien delineadas piernas se abren y puedo ver
la blanquecina piel, pero tersa y bien cuidada. Unos mulos protuberantes, unos
gemelos que no tienen de quien envidiar. Unos pies que se retuerzan con
cuidado, unos dedos que se tensan y se relajan con cada segundo.
Con un
subidón de adrenalina me despierto del sueño tan placentero que me estaban
conmoviendo y seduciendo demasiado bien pensado. Entre mis piernas, se ha
producido una erección demasiado dolorosa y mientras me incorporo en la cama
pasando mi mano por mi mente sudorosa, miro a mi lado, a un Yoongi dormido,
placenteramente cómodo en el colchón mientras las sábanas le cubren y le
protegen de mis impuros sueños. Sus leves ronquidos me indican que no se ha
despertado por mis posibles impudorosos gemidos y me levanto incómodo, con un
gran bulto en mi ropa interior para dirigirme al baño.
Nada más
entrar me siento sobre el retrete y cubro mi rostro con la palma de mis manos.
Muerdo mis labios tremendamente tentado a masturbarme ahora que aun tengo el
recuerdo de Jeon fresco en la mente. Es tan nítida la imagen que juraría que ha
ocurrido de verdad, pero no ha sido más que una mala noche después de una muy
copiosa cena. Y para sumarle a ello, un fallido intento en el coito con Yoongi.
Mi primera intención es dejar que pase y olvidarme lo más rápido que pueda de
lo que he soñado, pero como sus gemidos siguen torturando mi mente, no puedo
evitar cerrar los ojos y dejarme inundar por ellos tan dulcemente como lo hacía
en el sueño. Muerdo mis labios como él hacía y meto mi mano bajo el pantalón
para sacar la punta de mi glande y mirarme tan húmedo y enrojecido. Me
sorprendo a mi mismo pues desde que he abierto los ojos después del accidente,
no recuerdo haberme visto tan excitado, tan deseoso de tener unas manos que me
rodeen y me den placer. Mis manos son suficientes aunque no es lo que me
gustaría y bajo mis pantalones junto con mi ropa interior para masturbarme al
principio lentamente pero no parece ser suficiente, porque ya estoy muy duro, y
me veo necesitado de hacerlo mucho más rápido, ayudado del fluido que me
recorre en toda la longitud, y con mis manos temblorosas por el acto.
Me
avergüenzo de mí mismo pero poco a poco la vergüenza se ve sustituida por un
placer que no conoce de pudores ni engaños. No me siento culpable a pesar de
compartir cama con otro hombre que no es con el que me estoy endureciendo. Abro
mis piernas y recuerdo como él las tenía tan predispuestas. Sus muslos
rebotaban y se movían con las embestidas y sus glúteos, golpeando con la cadera
de otro hombre, mientras grita desenfrenado. La tenue luz me ha tenido en
sombras que se han despejado rápidamente mientras él mismo transmite la luz que
necesito. Él es la luz de las sombras en las que constantemente convivo y a mi
alrededor, todo desaparece para que me quede su recuerdo, roto de placer,
corroído por el éxtasis que está a punto de golpearle. No recuerdo verle
correrse, pero yo si lo hago, ensuciando mis manos y un poco el suelo. Rápido
cojo papel y me limpio para después hacer lo mismo con el suelo y me levanto
para lavarme las manos y el rostro con agua fría. Me temo que esta me despeja
lo poco que el cansancio de la masturbación me había dejado somnoliento.
Salgo,
mirando el reloj de pared del salón para descubrir que son las seis de la
mañana. Lo suficientemente tarde como para poder mantenerme despierto ya, lo
suficientemente pronto como para hacer sospechar. No me importa, el recuerdo de
Jeon me acompañará el resto del día.
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